Messi: El Rey en su laberinto


Messi solo contra el mundo. Foto: Claudio González.
Messi solo contra el mundo. Foto: Claudio González.

Mientras a los 11, los niños corren despreocupados tras una pelota que finalmente se perderá por las canchas de la vida, él se inyectaba jeringas en las piernas para ganar altura y ser el mejor del mundo. La historia, brutal y con ribetes de ciencia ficción casi tuvo final feliz: fue el mejor del mundo, no una ni dos si no 5 veces, llegando a romper más de 120 récords individuales como goleador. Pero, nadie leyó la letra chica: para ser el mejor del mundo hay que ganar un mundial o al menos una Copa América, y también hay que lidiar con el exitismo desbocado, las cuentas de los auspiciadores, la sombra de Maradona y la expectativa de felicidad que depositan en el fútbol falsos hinchas.

No parece importar que ya es una leyenda no sólo del fútbol, si no del deporte. En apenas 10 años de carrera. A nivel de clubes está claro pero a nivel de selección parece que no tanto. Alguien hizo correr el rumor de que Lionel Messi ahí no era un real aporte y como todo cahuín se hizo un eco vacío. Pero a pesar de no haber ganado más copas que el oro olímpico del 2008 en Pekín, los números no se acaban ahí. Nadie ha marcado más en su país por la selección. Para el mundial del 2010 fue elegido en 4 de 7 partidos el jugador más valioso, llevándose el Balón de Oro para la casa. Para la Copa América del 2015 también. En la reciente Copa América Centenario fue segundo goleador, metió 3 goles en 20 minutos, un tiro libre para ver una y otra vez, montón de pases gol y créanme que si le preguntan a cada defensa que enfrentó si estaba tranquilo cuando se venía con la pelota la respuesta sería  ¿estás loco?

Cualquiera que se precie de saber un mínimo de fútbol puede darse cuenta. Messi sobre una cancha, aun sin ganar un solo título, es uno de los espectáculos más sorprendentes que el fútbol tenga registro. Incluso tácticamente, nunca deja de ser una preocupación para el técnico rival, aun cuando no estuviera haciendo nada.  Es cosa de revisar el segundo partido contra Chile y ver cómo tenía que lidiar contra dos, tres y hasta cuatro marcadores. Pero ahora cualquier comentarista de Facebook que ni siquiera fue seleccionado de su colegio piensa realmente que es sencillo jugar de esa manera. Aun así se impone. Messi es tan habilidoso que hasta las patadas esquiva, porque para él irse al piso es una pérdida de tiempo en su camino al gol. Nunca se ha quejado, nunca ha devuelto un golpe. Lo suyo, con la camiseta que fuera, siempre ha sido el juego. Lograr que la mentada pelotita traspase una y otra vez la línea del arco. Y en su carrera lo ha conseguido de todas las formas posibles, algunas de hecho tal vez nunca más las volvamos a ver de los pies de futbolista alguno. Llamar pecho frío a alguien así es también un insulto para el fútbol ya que, gracias mediante, no sólo de títulos vive este deporte. Estoy igualmente seguro que cualquiera de los que critican que por la selección no hace nada se ofrecería a hacer la fila en el registro civil para nacionalizarlo si quisiera jugar por nuestro o cualquier otro país.

Técnica y estadísticamente decir que Messi no aporta es un total despropósito. Que Argentina no logre campeonatos no es tarea de un solo hombre, si no de 11. Su situación es la del alumno que saca puros 7 frente a su hermano que apenas logra 4. Cuando se saca un 6 lo retan y cuando el otro logra 5 lo felicitan. Su constante nivel superlativo malacostumbró sobre todo al hincha básico que no entiende lo difícil que es jugar al fútbol en una hectárea de pasto y no desde el sillón con una cerveza en la mano.

Cualquier comparación con Maradona, Pelé o Ronaldo que vaya más allá del gusto personal es no entender nada del fútbol. Porque para los que gozamos del deporte las estadísticas suelen convertirse en mal de comentaristas. Pero ya que estamos en ella, volvamos, que a su favor son rotundas: el juego de Messi, ya se ha dicho, ha roto más de 120 récords individuales en la historia del deporte, imponiéndose por lejos a muchos con quienes se le obliga a compararse. Pero se le pide, se le exige, lo único que no depende de él: los records de equipo. Porque los individuales los ha quebrado por montones. Exigirle más de todo lo que ya ha entregado al fútbol es un absurdo.

Pero el exitismo es cosa sería. En Argentina por ejemplo, el exitismo quiere hacer de cada generación un Maradona. Lo intentaron con Borghi, La Torre, Ortega, Gallardo, Aimar, Di Alessandro, tal vez también con Gorosito. El exitismo no basta y quiere que ese nuevo Maradona gane además todo lo que se le ponga por delante. Eso es realmente imposible. Ni Maradona, ni Pelé, ni Di Estéfano, ni hablar de Cruyff, lo lograron. Por supuesto tampoco lo logrará Messi. Pero eso no quita un gramo de su talento ni tampoco se trata de ello el fútbol.

Los ataques a Messi no son más que un vulgar y gratuito circo romano. Dañan al jugador y al deporte, porque rompen con el espectáculo, desprecian la magia y el juego.

Una vez el gran Claudio Borghi respondió a la repetida y odiosa pregunta, ¿crees que pudiste haber logrado más en el fútbol? El Bichi dijo: “Debuté a los 16, fui figura en Argentina, jugué en Italia, Suiza, Brasil, Chile y México, fui seleccionado y campeón del mundo con Argentina. Logros más o menos, hice una carrera en el fútbol, con ello me gané la vida y bien. Soy digno de una entrevista en este momento. Disculpa si no cumplo con tus expectativas de éxito”. Sería todo.

Espero que no renuncie, por el bien del presente y la memoria. Mi padre me hablaba de Pelé, Elias Figueroa y Chamaco Valdés. Yo hablaré de Romario, Iniesta y por supuesto y mucho, de Lio Messi.

Imagen: Claudio Rodríguez

Anterior Aguante ASTRO !
Siguiente Desde mi Ventana - XXXXVII
Loading Facebook Comments ...

Sin comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *